
Es hora de compartir y de intentar recrear en palabras todas las imágenes que hemos vivido, que hemos visto, que nos han hecho llorar, reír, suspirar, rabiar, amar, soñar.
De intentar parar ese momento en el que fuimos alegres, en el que saboreamos la felicidad y solo eso recordar. El viaje es largo, cargar con recuerdos no te deja mirar hacia delante. Y además jode la espalda.
Equivócate, cambia, intenta, falla, reinvéntate, manda todo al carajo y empieza de nuevo cada vez que sea necesario. De veras, no pasa nada. Sobre todo si no haces nada.
Llega el tiempo de dejar de sentir que estamos solos para caminar acompañados de todo: nuestros pecados, nuestras cicatrices, nuestros desencantos, nuestros amantes y nuestros amores. Es hora de compartir lo que poco que tenemos y recibir lo mucho que nos dan.

